Placebo y artrosis, una relación de interés o peligrosa

La osteoartritis es una enfermedad degenerativa articular muy prevalente, pues afecta a casi el 70% de las personas mayores de 65 años, siendo una causa relevante de dolor crónico e inmovilidad. Aunque el manejo principal es a través de la educación sanitaria, por medio de medidas dietéticas, realización de ejercicio, disponemos de un arsenal terapéutico con problemas de seguridad en los pacientes geriátricos e indicaciones quirúrgicas de reemplazo articular principalmente.

Foto: Mohd Hafizuddin Husin

En el año 2008 unos investigadores británicos realizaron un metaanálisis* acerca de la efectividad del placebo en el manejo de la artrosis, incluyendo 198 ensayos clínicos y 14 estudios sin tratamiento, con un tamaño muestral de 17.531 personas. Aunque la edad media no es muy alta (62 años), siendo principalmente mujeres con sobrepeso.

El placebo  es una sustancia farmacológicamente inerte, con las mismas características externas que un tratamiento activo, que sirve para evaluar la diferencia de efecto en ambos grupos. Se ha utilizado de forma efectiva en el tratamiento de la depresión, dolor, enfermedad de Parkinson, Migraña, síndrome de fatiga crónica, colon irritable, asma o hipertensión, dado el efecto psicológico que tiene.

Foto: Ross Mayfield

Para medir el grado de control del dolor se utiliza una escala visual analógica, analizando posteriormente el tamaño del efecto entre el inicio y final del estudio, siendo de 0.51 (Intervalo de confianza 95% 0.46-0.55), siendo considerado un efecto moderado comparado con el obtenido con medidas no farmacológicas (acupuntura, magnetoterapia, spa) que es de 0.03 (IC 95% -0.13-0.18). Siendo también efectivo en la mejora funcional y rigidez articular autopercibida.

Las variables que más afectan a dicho efecto placebo son en primer lugar la intensidad del tratamiento a estudio (mayor si placebo de opiáceos, nuevos medicamentos como antiinflamatorios –COX2), la propia enfermedad de base, la vía de administración (las inyecciones tienen mayor efectividad que la vía oral) y el tamaño muestral. Se aprecia que mejoran aspectos subjetivos como la valoración del dolor por parte del paciente y la impresión del médico, sin modificarse valoraciones objetivas como la fuerza del cuádriceps, circunferencia de rodilla o cambios radiológicos articulares. Siendo de gran importancia las expectativas creadas en los pacientes acerca de la intervención (influyendo el tamaño, color, posible intensidad y vía de administración), transmitidas por los médicos, que genera ciertos efectos fisiológicos en relación a modificaciones en neurotransmisores o circuitos cerebrales implicados en el dolor crónico.

Foto: Hernán Piñera

Tampoco se debe olvidar que en ocasiones se puede obtener el efecto contrario, conocido como efecto nocebo, del que se tiene menos información, pero que también influye en gran medida en las intervenciones farmacológicas.

* Zhang W, Robertson J, Jones AC, et al. Ann Rheum Dis 2008;67:1716–1723.
Retrato de Javier Álaba

Autor: Javier Alaba, Médico de Matia Fundazioa

Foto Cabecera: CPGXK

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