InicioBlogHasta siempre, Luis, y que nunca nos falte una sonrisa

Hasta siempre, Luis, y que nunca nos falte una sonrisa

30 Enero 2019

Esta mañana en Argixao nos despedíamos con una pequeña ceremonia de Luis Pérez, una de las personas que vivía en esta casa. Alguien muy querido y apreciado tanto por trabajadores, como por el resto de personas que pasamos por este lugar. Acudió también a la ceremonia un representante del centro “Fato Cultural Galego Daniel Castelao” de Trintxerpe que ha compartido con todos nosotros un poema gallego en honor a Luis, que podéis leer aquí.

Antxone Pérez, auxiliar de Argixao, ha querido compartir durante la celebración de este acto este precioso texto que, hace pocos días, Luis nos leía visiblemente emocionado en un encuentro celebrado en el Aquarium de Donostia. Sus palabras de agradecimiento nos reconfortan y nos animan a seguir acompañando a las personas, velando por el respeto, la dignidad, la autonomía personal y el sentido de la vida de todas y cada una de ellas. Esperamos que os llegue tanto como a nosotras.

Kaixo, me llamo Luis pérez. Tengo 63 años, soy de la calle Azcuene que pertence a Donosti aunque yo me considero de Trinxperpe. He trabajado en la mar, también he sido chatarrero y mi tiempo libre lo he dedicado a ser miembro de protección civil de Pasaia, de los cuales forme parte 33 años, 18 de los cuales como presidente. También pertenecí a la comisión de fiestas de Trinxerpe y era el que echaba los chupinazos en fiestas.

Mi historia empieza con una depresión profunda que me llevó a no querer seguir viviendo. Pasé cuatro años sin asearme, comiendo un bocadillo al día y bebiendo hasta 30 cervezas diarias. Fruto de este proceso, cogí una cangrena y el 21 de junio (día de San Luis, día de mi Santo, a las 4 y media de la tarde) la Ertzaina me obligó a ir al hospital para que me amputaran la pierna, debido a la complicada situación que estaba sufriendo. Después de pasar mes y medio ingresado en el hospital, me trasladaron a la unidad sociosanitaria del centro Argixao de la fundación Matia, en Zumarraga.

Aquí llegue el 1 de agosto de 2017 a las 10 y media de la mañana, donde me recibió la doctora Sofía, junto a Idoia, la referencial de enfermería, y Ohianna, la trabajadora social de este lugar. Hablaron conmigo. Yo lloraba porque no quería quedarme en el centro. Me sacaban de mi entorno… me estaban sacando de mi querido Trinxerpe. Pese a ello, desde ese momento me di cuenta de que ya empezaban a quererme, a darme ánimos; cuando terminaron de hablar conmigo esas tres personas me presentaron a Ángel, un compañero que vivía en Argixao y que al cabo de tres meses se convertiría en mi compañero de habitación. Ese mismo día, a la hora de la comida, vino a buscarme una auxiliar que para mí ha sido un soporte vital desde que vivo en Argixao. Se llama Nahikari. Éste fue mi primer día en Argixao.

Pasé unas semanas muy triste, llorando a escondidas, pero veía que los ánimos que me daban los y las trabajadoras de Argixao eran grandiosos. Al cabo de dos meses empecé a coger confianza. Me daba cuenta que la gente me quería y, cómo yo no podía estar quieto, empecé a ayudar en lo que podía. A los compañeros que no podían acceder a la máquina de café, llevaba el café por la mañana a la peluquera… Una de las cosas más importantes para mí fue que Alicia, la fisioterapeuta, empezara a ayudarme a andar. Le tengo que dar muy emocionadamente las gracias, porque éste fue un momento trascendental para mí vida. A los tres meses; en el mes de Octubre empezaron a tomarme las medidas para la prótesis, a mediados de noviembre me la dieron y al día de hoy ando, con la prótesis y las muletas.

Así transcurrieron los meses y el día 15 de Diciembre a las diez y cuarto de la mañana vino a esta casa Maros, que a día de hoy es el amor de mi vida y un pilar fundamental para mi recuperación y para mi día a día.

La casa de Argixao, para mí que vivo en ella, está muy bien preparada. Los que vivimos en ella estamos muy bien atendidos y una cosa muy importante en ésta vida es que no nos falta una sonrisa en el día a día, tanto por parte de las trabajadoras, como de los familiares y las personas que viven en ella. Mí día a día en Argixao comienza a las seis y media de la mañana, me ducho y sobre las siete me pongo la prótesis. Hago mis ejercicios por los pasillos de la casa, a las ocho bajo a la planta principal y saludo a algún residente, tomamos un café y hablamos. A las nueve voy a la habitación y ya empiezo a sentirme útil, hago la cama (menos los jueves que me toca cambio de ropa), a las diez desayuno y empiezo a ayudar a todo lo que haga falta, monitores, peluquera, enfermera, auxiliares, recepción… Esto me hace sentirme mucho más útil. Tenemos la suerte de disponer de una huerta y cogemos de todo: lechugas, pepinos, brócoli… y regalamos a todo el que pasa por la casa.

Una cosa muy importante que tienen las personas que nos acompañan es que atienden principios esenciales en esta vida: escuchar, entender, sonreír, y sobre todo hacernos sonreír. Lo que he notado en esta casa es que se da mucha oportunidad para que, todos los que vivimos aquí, podamos tomar nuestras propias decisiones, porque al final somos personas y tenemos derecho a decidir sobre lo que nos gusta y lo que queremos hacer.

Ahora quiero agradecer a todos y todas las trabajadoras de nuestra casa y en especial a Julia, la peluquera por brindarme todas las oportunidades que me da, a Aitziber la del bar por quererme como me quiere, a monitoras y monitores por hacerme sentir útil, a Izaskun (auxiliar del centro de día) por quererme cómo a un hijo, a auxiliares, enfermeras, trabajadoras sociales y doctoras, a todas las personas voluntarias que pasan por nuestra casa. No quiero olvidarme de Carmen, nuestra directora que con su sonrisa y de vez en cuando con sus bromas nos hace sentirnos cómo en casa. Carmen tu sí que sabes, no cambies. También quiero dar las gracias a los de la limpieza, lavandería, cocina… porque sois muy buena gente y a todos los que estáis aquí presentes escuchando una parte importante de la historia de mi vida. También agradecer a todo MATIA por ser cómo sois, porque cómo decía mi padre es de buen nacido el ser agradecido.

Fdo. Luis Pérez

AUTOR

Luis Pérez